La vida en pareja de los hombres diabéticos

La vida sexual en las parejas adonde una de las personas es diabética debe ser normal, con plenitud de satisfacción física y mental. Para lograr la gratificación que normalmente produce es necesario que la relación sexual sea un componente más del amor que debe unir al hombre y a la mujer. En el matrimonio, cuando ambos han logrado consolidar una unión basada en el respeto mutuo, la atracción y satisfacción sexual recíprocas y la gratificación emocional, las bases están dadas para una vida sexual feliz. Después, con el paso de los años y al llegar a la vida adulta, disminuye la intensidad de la vida sexual, pero se mantiene la atracción amorosa cuando se cumplen los requisitos anotados.

La enfermedad diabética, después de muchos años, afecta la respuesta sexual. El tiempo para que la altere o disminuya es muy variable y depende del buen, regular o mal control que se haya tenido de la diabetes.

Esto significa, en términos metabólicos, medir la concentración de glucosa sanguínea promedio que se haya tenido y la mejor forma de hacerlo es mediante la determinación periódica, cada tres meses, de Hemoglobina A1c, cuya cantidad promedio debe ser igual a 7% e idealmente 6.5% o menos. Igual importancia tiene mantener normales las cifras de lípidos en la sangre, evitar la obesidad, observar una alimentación normal para la diabetes y hacer ejercicio físico en forma regular. Es conocido que el grado de satisfacción sexual guarda relación con la capacidad muscular de la pareja.

Clásicamente al abordar este tema se hace por sexos. Así el hombre llega a tener lo que ahora se llama “disfunción eréctil” y antes simplemente “impotencia”. Se la define como la incapacidad persistente para lograr y mantener una erección suficiente para permitir un coito normal y satisfactorio, lo que produce al paciente y a su compañera, importante caída en su calidad de vida.

Es tan importante que en los Estados Unidos de Norteamérica afecta a 30 millones de hombres, en reporte del año 2003 y está presente en todo el mundo. Es muy común en hombres diabéticos de ese país, donde aproximadamente del 35% al 75% la padece, y se presenta 5 a 10 años antes que en los hombres no diabéticos. La incidencia aumenta con la edad. En un reporte (McCulloch; Diabetología 18:279,1980) se encontró en el 6% en hombres de 20 a 24 años y 52% en edades entre 55 a 59 años. Es más, señalan los autores, que después de los 60 años de edad la padecen del 55% al 95% de los diabéticos, comparado con 50% en una población no seleccionada (Massachussetts Male Aging Study). Los datos anteriores corresponden a diabéticos tipo 2 y la misma tendencia es para los tipo 1.

Este trastorno se asocia con neuropatía autonómica y disfunción endotelial, situaciones presentes en la Diabetes Mellitus. Guarda además relación directa con el grado de hiperglucemia. Cuando aparece la disfunción eréctil es necesaria y conveniente la interconsulta con el Médico Especialista en Urología para que descarte otras causas diferentes a la diabetes.

En esta enfermedad la hiperglucemia y el aumento de la edad, producen el fenómeno de glicación de las fibras elásticas con alteración de la relajación de los cuerpos cavernosos del pene. Además los diuréticos y betabloqueadores utilizados para el tratamiento de la Hipertensión Arterial, común en los diabéticos, complican más su disfunción eréctil. Es más, la enfermedad endotelial altera la vasodilatación necesaria para la erección. También la Enfermedad Vascular Periférica disminuye el flujo arterial de sangre necesario y contribuye a producir esta condición. Es importante señalar que la Disfunción Eréctil es con frecuencia la primera manifestación que sugiere problemas cardiovasculares, a la par de la edad, la hipertensión arterial y el fumado.

El tratamiento de esta complicación incluye la eliminación, si es posible, de la ingestión de sustancias que alteren la erección y el seguimiento de una dieta para diabeticos adecuada; estudiar el estado de la función hormonal gonadal que determina el grado de respuesta sexual; considerar siempre la presencia de neuropatía autonómica visceral y la enfermedad vascular que afectan los mecanismos de erección y hacer una cuidadosa evaluación psicosocial, todo lo cual corresponde al médico tratante.

Múltiples terapias médicas y dispositivos que requieren procedimientos especiales se ofrecen a los pacientes con disfunción eréctil. Pero en los últimos años el avance terapéutico más importante es el advenimiento de las sustancias inhibidoras de la Fosfodiesterasa 5 en el pene. La primera de ellas fue el Sildenafil (Viagra) y las más recientes el Tadalafil (Cialis) y el Vardenafil (Levitra).

La evaluación de once estudios doble ciego, controlados con placebo, en pacientes diabéticos tratados con Sildenafil reportó mejoría de la erección en el 59% de los diabéticos tipo 1 y 63% en los tipo 2, independientemente de la edad, raza, severidad y duración de esta condición y la presencia de otras enfermedades además de la diabetes. En las personas no diabéticas la mejoría ocurrió en el 83%. El Vardenafil (Levitra) y Tadalafil (Sialis) son tan eficientes como el Sildenafil (Viagra). El Tadalafil (Sialis) tiene la ventaja de una mayor duración de actividad en el pene. Los efectos colaterales de estos medicamentos son las molestias vasomotoras con cefalea, enrojecimiento de la cara y rinitis.

Todos los fármacos mencionados son generalmente bien tolerados. La mayor preocupación durante su uso es el peligro de la ingestión concomitante de nitratos, como la nitroglicerina para la insuficiencia coronaria, lo que produce al paciente profunda hipotensión arterial e incluso la muerte. Lo anterior obliga a un cuidadoso estudio de los medicamentos que recibe la persona, diabética o no. La responsabilidad de cuidar y prevenir lo anterior corresponde tanto al paciente como al médico que utilice estas sustancias.

Ampliamos la información con un video sobre la importancia de controlar la diabetes para tener una buena vida sexual: