Hacer más amigos dando apoyo y amistad en asociaciones de fibromialgia

amistad enfermedadMuchas veces nos quejamos de lo solos que estamos, de que no tenemos amistades y todo eso, pero todos tenemos la capacidad de la amistad, tengamos muchos o pocos amigos, podemos aumentar nuestra red de amistades ayudando a otras personas que lo necesitan como es el caso de las personas que están enfermas.

Os cuento un caso de una asociación para enfermas de fibromialgia en la que algunas perosnas decidieron en su momento dar a poyo a estas mujeres que muchas veces se sienten solas e incomprendidas dada la naturaleza de su enfermedad que muchas veces es incomprendida.

La fibromialgia afecta a muchas personas, la mayoría mujeres de mediana edad. Es una enfermedad muy dolorosa y puede aislar a las personas que la padecen porque no tiene ganas de hacer cosas debido a la fatiga y los dolores.

Podemos acercarnos a una de estas asociaciones de fibromialgia, o de alguna otra enfermedad, y ofrecernos voluntariamente para dar apoyo y amistad a estas personas. Solo tendremos que informarnos un poco sobre la enfermedad para así poder entender a los enfermos y ofrecernos a ayudar dando apoyo de alguna manera. En la misma asociación te darán muchas información sobre la enfermedad y además puedes aprender también en internet en blogs como el de fibromialgia tratamiento, del dolor a la libertad o en webs de medicina como dmedicina.

De este tipo de acciones surgen amistades muy fructíferas y verdaderas y es una excelente forma de sentirnos útiles y de ampliar nuestro círculo de amistades.

Unos amigos de Granada me contaron esta experiencia, decidieron colaborar en la asociación de fibromialgia de Granada y me contaron que fue una experiencia muy enriquecedora y que además hicieron buenas amistades, algunas incluso que aún consevan desde hace años.

Cuando pienses en hacer nuevos amigos o en que estás solo o sola, considera esta forma de hacer amistad ayudando a personas que necesitan un apoyo debido a una enfermedad o también puede ser a personas que necesiten cualquier otro tipo de apoyo.

La mejor forma de recibir amistad es dándola antes, esa es la fórmula más antigua y bonita de tener más amistades y por lo tanto, sentirnos más felices y completos, sin olvidar nunca que nuestro mejor amogo hemos de ser nosotros mismos, porque si nosotros estamos bien podremos transmitirlo a los demás.

Si has tenido una experiencia similar te inbvitamos a que nos cuentes tu historia de amistad aquí abajo en los comentarios, así todos aprenderemos más y quien sabe, podremos hacer más amigos.

Por último te dejo con un video para que conozcas la enfermedad de la fibromialgia y así, de una forma u otra puedas apoyar esta causa, aunque solo sea conociéndola por si en algún momento de tu vida puedes ayudar a alguien.

Esta entrada fue publicada el noviembre 30, 2015, en Amistad.

La vida en pareja de las mujeres diabéticas

La mujer, la contraparte en la vida sexual, también sufre trastornos que le disminuyen la capacidad y la respuesta a la relación sexual, sea diabética o no. Tiene, igual que en el hombre, relación con la edad, a más años más dificultad para la realización del acto sexual y en ellas se observan más problemas que afectan el deseo, la excitación sexual y el orgasmo y también tienen con frecuencia dolor vaginal.

Se ha visto que las mujeres premenopáusicas con diabetes tipo 1 no presentan una frecuencia elevada de problemas sexuales y lo contrario ocurre cuando tienen mayor edad. En general se ha determinado que casi todas tienen menor lubricación vaginal, que principalmente depende de la vasocongestión secundaria a la excitación sexual. Por ello la vagina está seca, con una vasodilatación insuficiente que producen una respuesta vasocongestiva vaginal inadecuada y ambas causan dolor e irritación durante el coito.

Los estudios de esta situación demuestran que las mujeres diabéticas tipo 2, de edades mayores, presentan mayor disfunción sexual, con menor deseo sexual, escasa lubricación vaginal, dispareunia (coito doloroso) y dificultad para conseguir el orgasmo. Es común e importante señalar que la mujer, en general, es reacia a dar a conocer sus alteraciones en el deseo y la respuesta sexual. Esto altera seriamente el comportamiento de la pareja pues ambas personas miden, inconscientemente, la satisfacción de su compañero o compañera y se perturba el bienestar de ambos, disminuyendo la atracción física y emocional, lo que a corto o largo plazo disminuye la calidad de la vida matrimonial, circunstancia más frecuente cuando la mujer es diabética.

El tratamiento de las condiciones señaladas hace necesaria una cuidadosa valoración ginecológica. La interconsulta con el Ginecólogo o Ginecóloga es obligatoria. Se da el caso que descubren una infección crónica vaginal, por hongos o bacterias, que es un molesto factor concomitante que enferma y cuya curación ayuda considerablemente a disminuir las molestias señaladas. Además estos profesionales valoran los signos genitales de disminución de las hormonas estrogénicas, lo que altera su anatomía y cuya concentración normal favorece importantemente la respuesta sexual femenina.

La conclusión más importante de todo lo escrito del tema Vida Sexual y Diabetes es que la pareja debe ser valorada y tratada conjuntamente cuando se presentan problemas en las relaciones sexuales, no importa quien sea el diabético. Más importante cuando se manifiestan síntomas en la esfera afectiva. El papel del médico tratante de la diabetes es fundamental para valorar y curar todos los factores señalados.

Esta entrada fue publicada el septiembre 5, 2015, en Pareja y salud.

La vida en pareja de los hombres diabéticos

La vida sexual en las parejas adonde una de las personas es diabética debe ser normal, con plenitud de satisfacción física y mental. Para lograr la gratificación que normalmente produce es necesario que la relación sexual sea un componente más del amor que debe unir al hombre y a la mujer. En el matrimonio, cuando ambos han logrado consolidar una unión basada en el respeto mutuo, la atracción y satisfacción sexual recíprocas y la gratificación emocional, las bases están dadas para una vida sexual feliz. Después, con el paso de los años y al llegar a la vida adulta, disminuye la intensidad de la vida sexual, pero se mantiene la atracción amorosa cuando se cumplen los requisitos anotados.

La enfermedad diabética, después de muchos años, afecta la respuesta sexual. El tiempo para que la altere o disminuya es muy variable y depende del buen, regular o mal control que se haya tenido de la diabetes.

Esto significa, en términos metabólicos, medir la concentración de glucosa sanguínea promedio que se haya tenido y la mejor forma de hacerlo es mediante la determinación periódica, cada tres meses, de Hemoglobina A1c, cuya cantidad promedio debe ser igual a 7% e idealmente 6.5% o menos. Igual importancia tiene mantener normales las cifras de lípidos en la sangre, evitar la obesidad, observar una alimentación normal para la diabetes y hacer ejercicio físico en forma regular. Es conocido que el grado de satisfacción sexual guarda relación con la capacidad muscular de la pareja.

Clásicamente al abordar este tema se hace por sexos. Así el hombre llega a tener lo que ahora se llama “disfunción eréctil” y antes simplemente “impotencia”. Se la define como la incapacidad persistente para lograr y mantener una erección suficiente para permitir un coito normal y satisfactorio, lo que produce al paciente y a su compañera, importante caída en su calidad de vida.

Es tan importante que en los Estados Unidos de Norteamérica afecta a 30 millones de hombres, en reporte del año 2003 y está presente en todo el mundo. Es muy común en hombres diabéticos de ese país, donde aproximadamente del 35% al 75% la padece, y se presenta 5 a 10 años antes que en los hombres no diabéticos. La incidencia aumenta con la edad. En un reporte (McCulloch; Diabetología 18:279,1980) se encontró en el 6% en hombres de 20 a 24 años y 52% en edades entre 55 a 59 años. Es más, señalan los autores, que después de los 60 años de edad la padecen del 55% al 95% de los diabéticos, comparado con 50% en una población no seleccionada (Massachussetts Male Aging Study). Los datos anteriores corresponden a diabéticos tipo 2 y la misma tendencia es para los tipo 1.

Este trastorno se asocia con neuropatía autonómica y disfunción endotelial, situaciones presentes en la Diabetes Mellitus. Guarda además relación directa con el grado de hiperglucemia. Cuando aparece la disfunción eréctil es necesaria y conveniente la interconsulta con el Médico Especialista en Urología para que descarte otras causas diferentes a la diabetes.

En esta enfermedad la hiperglucemia y el aumento de la edad, producen el fenómeno de glicación de las fibras elásticas con alteración de la relajación de los cuerpos cavernosos del pene. Además los diuréticos y betabloqueadores utilizados para el tratamiento de la Hipertensión Arterial, común en los diabéticos, complican más su disfunción eréctil. Es más, la enfermedad endotelial altera la vasodilatación necesaria para la erección. También la Enfermedad Vascular Periférica disminuye el flujo arterial de sangre necesario y contribuye a producir esta condición. Es importante señalar que la Disfunción Eréctil es con frecuencia la primera manifestación que sugiere problemas cardiovasculares, a la par de la edad, la hipertensión arterial y el fumado.

El tratamiento de esta complicación incluye la eliminación, si es posible, de la ingestión de sustancias que alteren la erección y el seguimiento de una dieta para diabeticos adecuada; estudiar el estado de la función hormonal gonadal que determina el grado de respuesta sexual; considerar siempre la presencia de neuropatía autonómica visceral y la enfermedad vascular que afectan los mecanismos de erección y hacer una cuidadosa evaluación psicosocial, todo lo cual corresponde al médico tratante.

Múltiples terapias médicas y dispositivos que requieren procedimientos especiales se ofrecen a los pacientes con disfunción eréctil. Pero en los últimos años el avance terapéutico más importante es el advenimiento de las sustancias inhibidoras de la Fosfodiesterasa 5 en el pene. La primera de ellas fue el Sildenafil (Viagra) y las más recientes el Tadalafil (Cialis) y el Vardenafil (Levitra).

La evaluación de once estudios doble ciego, controlados con placebo, en pacientes diabéticos tratados con Sildenafil reportó mejoría de la erección en el 59% de los diabéticos tipo 1 y 63% en los tipo 2, independientemente de la edad, raza, severidad y duración de esta condición y la presencia de otras enfermedades además de la diabetes. En las personas no diabéticas la mejoría ocurrió en el 83%. El Vardenafil (Levitra) y Tadalafil (Sialis) son tan eficientes como el Sildenafil (Viagra). El Tadalafil (Sialis) tiene la ventaja de una mayor duración de actividad en el pene. Los efectos colaterales de estos medicamentos son las molestias vasomotoras con cefalea, enrojecimiento de la cara y rinitis.

Todos los fármacos mencionados son generalmente bien tolerados. La mayor preocupación durante su uso es el peligro de la ingestión concomitante de nitratos, como la nitroglicerina para la insuficiencia coronaria, lo que produce al paciente profunda hipotensión arterial e incluso la muerte. Lo anterior obliga a un cuidadoso estudio de los medicamentos que recibe la persona, diabética o no. La responsabilidad de cuidar y prevenir lo anterior corresponde tanto al paciente como al médico que utilice estas sustancias.

Ampliamos la información con un video sobre la importancia de controlar la diabetes para tener una buena vida sexual:

Esta entrada fue publicada el septiembre 1, 2015, en Pareja y salud.

Buscando la armonía en la pareja

Muchas veces las personas se preguntan por qué fracasan en sus relaciones y una variable que no solemos tener en cuenta y que es necesario incluir es si la energía masculina del varón era mayor que la de ella o no. Una señal que da indicios claros acerca de esta situación se encuentra en los rostros. Si el rostro de ella es más anguloso y con nariz más “avanzante” que el de él, es altamente probable que haya habido entre ellos una inversión de roles energéticos.

Cuando se reconoce este plano básico de interacción, otras respuestas que suelen darse para explicar la separación pasan a un segundo plano. Por ejemplo que ella tenía trabajo y él no. Esta situación, cuando se da en una pareja con roles energéticos complementarios, es digerible y no altera substancialmente su armonía. En cambio si ya hay inversión estructural de roles se convierte en una manifestación más de ese desequilibrio. Cuando una pareja es energéticamente armónica, el hombre tiene una calidad de presencia que le brinda a la mujer la sensación de contención masculina que ella necesita y esto no está sujeto a que él esté temporalmente sin trabajo o a que ella gane más dinero.

El primer aspecto que se altera cuando hay inversión de roles es la sexualidad. El varón ante la presencia de una energía masculina mayor queda inhibido para el despliegue de su propia energía masculina y se va retirando de ese espacio. Todo esto ocurre muchas veces sin que él sea conciente de lo que pasa y sin que ella haya hecho nada para alejarlo. Simplemente ocurre por la naturaleza del campo energético que generan entre ambos. La mujer lo expresa de un modo clásico: “Hay algo que siento que me falta: algo de presencia, de fuerza, algo que no se da en el encuentro íntimo”. Frecuentemente siente no saber qué está ocurriendo y se pregunta si no será ella quien pide demasiado.

Situaciones concretas

Una pareja me consulta por la falta de interés en la sexualidad que existe entre ellos, pues sienten cariño uno por el otro y están preocupados. Al verlos se observa claramente que ella tiene un rostro más anguloso y avanzante que él.

En las sesiones con ambos, él dice que la falta de sexualidad se debe a que no tiene interés en el sexo en general, pero en una entrevista individual él reconoce que tiene encuentros con otras mujeres donde sí siente deseo y tiene erecciones normales. Y también ella, en una entrevista individual, cuenta que ha estado con otros hombres con quienes puede vivir su sexualidad a pleno, que le gustaría que pudiera ocurrir lo mismo con su marido, porque siente cariño hacia él, pero que no ocurre. Estos relatos muestran que ese desencuentro no indica una alteración sexual en alguno de los miembros de la pareja, si no que es el vínculo entre ellos el que no es complementario.

En la interacción cotidiana también se manifestaba ese descontento: ella dice que lo encuentra muy pasivo en la toma de decisiones, que siente que tiene que empujarlo para que haga las cosas y también describe algo que es muy típico: que la pone muy nerviosa viajar en auto con él cuando es él quien conduce, porque le parece que es lento para maniobrar y moverse en el tránsito.

Para hacer más claro este escenario energético con el cual no estamos aún familiarizados me referiré a una pareja de actores conocida por todos: Brad Pitt y Jennifer Aniston. Estuvieron juntos durante un tiempo y ahora están separados. Si uno observa con atención el rostro de ambos verá que el de Jennifer es más anguloso y con nariz más avanzante que la de él. Esos rasgos ya dan señales acerca de una muy probable inversión de roles entre ellos.

Luego de separarse siguen distintas evoluciones. El se une a Angelina Jolie quien sí tiene un rostro más redondeado y con nariz menos avanzante que la de él. En este nuevo vínculo los roles energéticos son armónicos con la identidad sexual de cada uno.

Por su parte Jennifer Aniston inicia otra relación, ahora con el actor Vince Vaughn, quien también tiene un rostro más redondeado que el de ella. A partir de esta nueva elección se puede observar que la tendencia de Aniston a unirse a varones con menos energía masculina que ella, aún persiste.

Todos los protagonistas de este ejemplo son claramente personas muy atractivas en sí mismas, es decir que lo que resulta disarmónico –y esto es importante destacarlo- es el vínculo en el que se encuentran.

Es importante destacarlo porque cuando al varón se le informa que la mujer con quien está tiene más energía masculina que él, suele sentirlo como un menoscabo a su masculinidad, y desde ya que no es así. Lo que se describe es simplemente un vínculo particular.

La pregunta que surge ante esto es ¿por qué se elige a una pareja así?

¿Qué es lo que los atrajo? La respuesta más frecuente en la mujer es: “Me atrajo su estabilidad, su ternura, su sensibilidad, su compañerismo…”

Además este tipo de mujer suele tener una imagen “abandonante” del aspecto masculino: “Siento que los varones más masculinos priorizan su trabajo u otras cosas y terminan yéndose…”

En el varón, por su parte, la respuesta más frecuente es: “Me atrajo su vitalidad, su presencia, su iniciativa…”

No siempre ocurre, pero es frecuente que el varón de este tipo de pareja se sienta insatisfecho con su propio aspecto masculino y al estar con una mujer con más energía masculina que él, se siente en un desafío que lo estimula. Esto ocurre al principio de la relación. Luego de un tiempo, lo que era un desafío estimulante se transforma en una sensación de sobrecarga que inhibe.

Y allí es cuando el desencuentro se hace evidente y el malestar se instala en la relación.

Otra situación bastante común es la baja autoestima del hombre porque cree que el tamaño de su pene es pequeño y no puede complacer sexualmente a su pareja. Es muy común que el hombre por cultura y desconocimiento no sepa que la mujer no necesita un pene grande ya que el tamaño de la vagino no es tan grande y las terminaciones nerviosas responsables de parte dle placer están a pocos centímetro de la entrada. El hombre no debe preocuparse por tener un pene de entre 10 y 14 cm, ya que es una medida suficiente para tener relaciones sexuales satisfactorias. De todas maneras si el hombre quiere sentirse mejor siempre puede arpender como agrandar el pene haciendo ejercicios de estiramientos y musculación orientados al miembro masculino que le ayudarán a sentir más fuerza en el pene además de ganar algo de tamaña y grosor. Pero insisto, el sexo está en la mente y en la relación con la pareja, no hace falta tener un pene más grande.

Cómo no repetir el desequilibrio

Si Ud. es varón y viene de una relación con inversión de roles, le sugiero que observe cómo se siente con su energía masculina (iniciativa, acción, penetración, dirección, etc.). Si se siente satisfecho con ella y si siente que la mujer que usted ame va a amar a su modo de ser masculino con ella. Esta vivencia interior es necesaria para que su mirada se oriente y se sienta atraído por la cualidad femenina de la mujer que le es complementaria.

Si es mujer le propongo que vea cómo se siente con su femineidad.

Ana, de 30 años, me decía: “Me siento insegura y poco deseable como mujer y como tengo un aspecto masculino fuerte, me doy cuenta que me apoyo en él. A mi novio le conseguí trabajo, lo organicé la oficina y le conseguí secretaria. Y siento que cuando él se organice me va a dejar”.

La tarea con Ana fue ayudarla a ingresar en su parte femenina: su sensualidad, su belleza, su delicadeza y ternura, etc. y recuperar la autovaloración de esos aspectos. Cuando lo logró, habitó otro espacio de sí misma, y comprobó no sólo que ella se relacionaba de distinto modo con los varones, sino que ellos también se acercaban de otra manera, buscando y conectándose con su femineidad.

De modo que para establecer relaciones energéticamente armónicas con la identidad sexual de cada uno es necesario que el varón sienta la plena disponibilidad de su energía masculina y la mujer sienta otro tanto con el componente femenino de su energía.

El amor infiel

La cultura del ego es considerada como un individualismo amoral por algunos y como una liberación personal por otros. Más allá de las opiniones, lo cierto es que hoy más que nunca el individuo es el amo de su vida privada. Las instituciones, laicas y religiosas, no son autoridad en materia amorosa. Y en la era del “yo quiero todo”, muchos son los que tienen como objetivo desarrollarse plenamente y satisfacerse (también en el plano sexual, claro) sin permitir que nada se interponga en su camino hacia la ‘felicidad’.

Este ascenso del individualismo marca la declinación de lo que el sociólogo Alain Ehrenberg denomina “La sociedad del destino”: una vida que no cambia con el tiempo, ejemplificada por el tríptico de los años 60: una pareja, un trabajo, una casa, todo para siempre.

La movilidad del mundo moderno y la prolongación de la vida explican que una misma persona pueda tener una sucesión de vidas conyugales en el transcurso de su existencia. Así es que asistimos, desde hace algunos años, a un aumento de personas que llevan una doble vida sentimental. “Esta poligamia clandestina -dice el sociólogo Gérard Mermet- nace de la necesidad de cambio y de la voluntad de conciliar la estabilidad del matrimonio con la pimienta de la vida extra conyugal”.

Además, el discurso de las mujeres sobre la infidelidad ha cambiado. Se plantea, actualmente, en términos de opción posible y no de prohibiciones que puedan ser transgredidas. Un sondeo de opinión, revela que, si bien ocho mujeres de cada diez valorizan la fidelidad (un 42% de ellas la considera normal), sólo un 11% la estima “obligatoria”. Lo novedoso es que se elige la infidelidad o la fidelidad según criterios personales, y no para adecuarse a “roles” culturalmente predeterminados.

“La posición de hombres y mujeres frente a la infidelidad está igualándose”, afirma Gérard Leleu, sexólogo y autor de “La Fidelité et le Couple” (La fidelidad y la pareja). La represión legal y moral que pesaba sobre las mujeres les impedía librarse a la curiosidad sexual. En la actualidad, dicha represión aparentemente ya no existe más. Razón por la cual algunas mujeres, en especial las más jóvenes, revindican una libertad sexual calcada sobre el modelo masculino. El sondeo antes mencionado muestra, por otro lado, que la mayor tasa de infidelidad se da entre las mujeres de 15 a 24 años. En esta franja de edad, más del 30% proclama haber tenido una o varias aventuras al mismo tiempo, frente a sólo un 16% de más de 25 años.

Con las leyes del mercado

Paladear nuevas experiencias sin renunciar a una relación estable es el desafío de los adeptos al amor infiel, quienes no quieren perderse nada. Como si la frustración ocasionada por el hecho de tener que elegir tuviera un precio demasiado alto. En una sociedad donde el consumo es rey, prima la satisfacción de nuestros múltiples deseos y la renuncia es un enemigo de la felicidad. “Nuestro umbral de tolerancia a la frustración es muy bajo. Las personas funcionan bajo el predominio del principio del placer. Para paliar el vacío, la frustración o la decepción, consumimos. El otro se convierte en un producto”, señala la psicóloga Martine Teillac.

Existe la creencia de que la frustración proviene de una insatisfacción que, en la pareja, puede tener diferentes causas: disminución del deseo, poca comunicación, aburrimiento, etc. La infidelidad se daría, entonces, para colmar una carencia. Pero en esta creencia habitual subyace la idea de que el otro debe darnos lo que nos falta. Cuando nuestra pareja habitual fracasa en responder a todas nuestras necesidades, nos ponemos en campaña para encontrar otro proveedor.

Erigir como arte de vivir el rechazo a la frustración, es también lo que define, actualmente, a la infidelidad. Pero ¿eludimos así el sufrimiento? No es seguro.

“No soportaría hacer sufrir a mi pareja”: frase dicha una y otra vez por la mayoría de los infieles. Manejar los sentimientos de culpa y evitar que ‘el otro’ sufra es el desafío que se le presenta a todo candidato a la infidelidad. Ya que, a menos que uno controle totalmente la afectividad, la infidelidad difícilmente se vive sin sufrimiento.

Un sufrimiento vivido bajo el signo de la culpabilidad, alimentada por el miedo de hacer daño o de fragilizar la pareja. Controlar dicha culpabilidad exige poder hacer un balance de la primera relación y saber qué se busca en ese “otro lado” para que la infidelidad no sea una conducta repetida hasta el cansancio.

Las razones más comunes

Si bien los códigos conductuales y los discursos sobre la infidelidad han cambiado, los motivos que conducen a ella se establecen siempre en función de la historia psicoafectiva de cada uno de los miembros de la pareja. Es común que la persona infiel ponga en primer plano el deseo de revalorización a partir de una mirada nueva o la necesidad de procurarse sensaciones fuertes. Pero el inconsciente tiene motivos que la razón, justamente, ignora.

Nos sentimos devaluados. Una vez finalizado el enamoramiento, nos enfrentamos a la pareja real, y sus conductas no siempre placenteras en la convivencia defraudan nuestras expectativas. Si la pareja nos abandona para centrarse sólo en sus objetivos personales y no en los de ambos, es muy probable que busquemos atención afuera, en busca de la estima perdida.

La monotonía. Una pareja sumida en la rutina y el aburrimiento se distancia, siente que el amor se acabó. Sus miembros comienzan a sentir que están encadenados a pasar el resto de sus días en una relación que ha perdido el encanto.

Sentimos amenazada nuestra libertad. Cuando la pareja es asfixiante o nos da pavor perder la independencia y quedar atrapados en una relación, intentamos sentirnos libres cometiendo actos de infidelidad.
Alarde de poder. Por haber obtenido poder, dinero y una posición social, hay quienes creen que se han ganado el derecho a tener una mayor potencia con el sexo opuesto.

Una vida sexual deficiente. El sexo es un elemento esencial en la pareja y, si uno de los miembros se siente insatisfecho tiende a buscar satisfacción fuera de la relación, aunque sienta por su pareja un amor sincero.
Buscamos nuevas sensaciones. Una vez pasada la etapa del enamoramiento, hay quienes sienten que la rutina es hastío, y necesitan volver a enamorarse. Este es un fuerte motor para tener una aventura.
Idealizamos a la pareja. Hay quienes llevan a cabo todas sus fantasías sexuales con un partenaire extra conyugal para seguir manteniendo a la pareja en un lugar de “decencia”.

La pareja lo permite. Se dan casos de acuerdo de relaciones extramaritales, cuando un miembro de la pareja es consciente de que el otro necesita satisfacer las deficiencias que existen en la propia relación.

¿Hablar o callar para siempre?

Sin duda, confesar una infidelidad no es sencillo, y hacerlo o no, después de todo, es una decisión personal. A la hora de evaluar los pro y los contra de ‘contar la verdad’ es inevitable que aparezca el miedo a lastimar al otro, el temor a ser abandonado y la posibilidad de no ser comprendido ni perdonado.

Culpabilidad, principios morales, venganza… Numerosas y de lo más diversas son las razones que pueden invocarse inconscientemente para justificar a priori y a posteriori la necesidad de decirle al otro. En este sentido, la infidelidad puede ser la ocasión de reanudar el diálogo o de romperlo definitivamente.

Todo depende del tipo de pareja que se ha construido, del contrato tácito que tengan sus miembros. Además, en nuestra sociedad se tiene tendencia a confundir diálogo y comunicación. Si el primero es una virtud de la pareja, la segunda es una necesidad económica. “Reconocer mi infidelidad fue, para mí, una manera de vengarme, decirle ‘¿Ves? Otros me desean’ –cuenta Luisa (45), madre de dos adolescentes-. Su reacción no se hizo esperar: agarró sus cosas y se largó gritando, ‘¡Esos otros pueden tomar mi lugar, está vacante!’’”, recuerda. Por lo tanto, cuando uno de los miembros de la pareja decide contar “el desliz” debería preguntarse con qué objetivo lo haría.

¿Qué se puede decir y qué se debe callar? ¿Hay que contar todo? Si uno fue infiel y va a confesarlo, sin duda debe hacerlo con tacto, evitando los detalles inútiles: “Le hice esto o aquello, sentí más que contigo…” Se trata de tener consideración por el otro, y dejar de lado revelaciones muy íntimas. Una actitud adulta supone ser claro en cuanto a los propios deseos y poder plantearse qué cosas no han funcionado y si es posible reconstruir la pareja sobre otras bases. En este último caso, si la pareja decide seguir junta, puede ser útil pedir ayuda a un terapeuta. Y, más allá de cuál sea el desenlace, lo importante es tener claro que la infidelidad es siempre síntoma de una crisis, que tendrá repercusiones en la relación –aun cuando permanece en secreto-, y en el individuo, que no debería dejar pasar la oportunidad de plantearse preguntas sobre sí mismo.

Esta entrada fue publicada el agosto 25, 2015, en Amor.